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Piedras del hambre: las marcas de sequía de Europa apuntan a costos alimentarios al alza

La sequía ha dejado al descubierto piedras del hambre centenarias en los ríos europeos mientras la inflación de la eurozona llega al 2,9 % y el flete encarece.

Justine Rayne White
Justine Rayne WhiteAnalista de cacao y chocolate
21 de agosto de 20262 min de lectura

La sequía europea ha bajado las grandes vías navegables lo suficiente como para dejar al descubierto las «piedras del hambre», marcas talladas en los lechos de los ríos por generaciones pasadas para registrar sequías históricas. Una de las más conocidas, de 1904, lleva la inscripción «Wenn du mich siehst, dann weine»: si me ves, llora. Es una imagen adecuada para una temporada en la que los niveles bajos ya aparecen en las cifras que importan a los compradores: hacen falta más barcazas para mover el mismo volumen de carga porque hay que aligerarlas para aguas someras, y los rendimientos de los cultivos caen bajo un calor persistente.

La inflación de la eurozona se aceleró al 2,9 % interanual en julio, desde el 2,8 % de junio, con datos preliminares de Eurostat que apuntan en parte a mayores costos energéticos ligados al conflicto en curso en Oriente Medio y a un precio del gasóleo afectado por la guerra entre Rusia y Ucrania. La inflación subyacente, que excluye alimentos y energía, subió aun así al 2,5 %. El dato eleva las probabilidades de una subida adicional de tipos del Banco Central Europeo el mes que viene.

Los mercados energéticos aportan su propia tensión al cuadro. Los precios del gasóleo en EE. UU. han subido un 8 % en el último mes después de que el presidente Trump anunciara lo que llamó una «guerra económica» contra Irán, amenazando con «la operación económica más aplastante jamás vista», casi seis meses después del inicio del conflicto. Los mercados de producto ya están tensionados por refinerías dañadas en Oriente Medio, una capacidad de refino rusa reducida tras ataques sostenidos con drones y, ahora, por los bajos niveles del Rin que ralentizan el flujo fluvial de combustible desde Róterdam, Ámsterdam y Amberes hacia Alemania y Suiza.

La Reserva Federal estadounidense mantuvo su tipo de referencia entre el 3,5 % y el 3,75 % en julio, aunque las actas de la reunión mostraron una preocupación creciente: una inflación persistentemente por encima del objetivo del 2 % durante cinco años seguidos podría empezar a filtrarse en las decisiones de salarios y precios de toda la economía, haciéndola más difícil de reducir. El empleo estadounidense cayó en 23.000 puestos en julio, con los dos meses anteriores revisados a la baja, señal de que el mercado laboral puede estar enfriándose más rápido de lo esperado incluso con precios rígidos.

El crecimiento de China, por su parte, se apoya casi por completo en las exportaciones y la tecnología: la producción industrial creció un 4,5 % interanual en julio, desde el 5,3 % de junio, mientras la inversión en activos fijos se contraía un 6,7 %, una caída más pronunciada que el descenso del 5,7 % de junio, ya que el exceso del sector inmobiliario del país sigue pesando sobre el conjunto de la economía.