
La expresión «etiqueta limpia» suele significar cosas distintas para quienes trabajan en la industria de alimentos y bebidas.
Aun así, se está convirtiendo en un terreno cada vez más importante para los equipos de compras, ya que el deseo de los consumidores de productos «sin aditivos» o «sin ingredientes artificiales» sigue empujando a la industria alimentaria a abastecerse de ingredientes más naturales y saludables.
La complejidad y la opacidad del término provienen sobre todo de la falta de una definición regulatoria formal y de visiones que varían en todo el mundo. El mercado de la etiqueta limpia lo impulsa ante todo la percepción de los consumidores, de modo que los compradores deben seguir de cerca la evolución de sus preferencias para mantenerse por delante.
Un sector en crecimiento
Un elemento clave de esta tendencia creciente es que los clientes quieren entender los ingredientes que figuran en las etiquetas para tomar decisiones más conscientes, éticas e informadas. Según Data Bridge Market Research, se espera que el mercado mundial de la etiqueta limpia supere los 90.000 millones de dólares para 2032.
Su investigación sugiere que los fabricantes de alimentos están reformulando productos con ingredientes de etiqueta limpia. También detectan entre las empresas alimentarias una tendencia a emplear tecnología para abastecerse de ingredientes naturales y procesarlos.
El sector de la etiqueta limpia cobró protagonismo a finales de la década de 1990, impulsado por el deseo de los clientes de eliminar de los productos los aditivos, los números E y los colorantes artificiales.
Aparición de la tendencia y sus implicaciones
El término también va de la mano de la sostenibilidad y del pujante mercado de la salud y el bienestar. Con la aparición de los medicamentos GLP-1, las señales indican que los clientes son cada vez más conscientes de su salud. Entre los grandes actores del sector de la etiqueta limpia están Cargill, ADM, BENEO, Corbion y Tate & Lyle.
Tate & Lyle, por ejemplo, se ha posicionado como quien está «llevando la conversación sobre la etiqueta limpia hacia la transparencia». Y algo decisivo: dice querer centrarse en ayudar a sus clientes a entender los ingredientes que compran y utilizan. Ha citado investigaciones que apuntan a que el 84 % de los consumidores de todo el mundo lee las etiquetas de ingredientes.
Por supuesto, los profesionales de compras tienen que considerar las implicaciones que el uso de ingredientes más naturales tiene para el producto. Por ejemplo, algunos productos también tienen una vida útil más corta sin conservantes artificiales, lo que provoca su deterioro.
Dar con el equilibrio adecuado es la cuerda floja por la que deben caminar los compradores: calibrar el impacto en los productos y en las cadenas de suministro y, al mismo tiempo, satisfacer las expectativas y demandas de los consumidores.
La evolución futura
Lo que está claro es que el mercado no se detiene y que se espera más de los fabricantes de alimentos en este terreno. Los clientes quieren ingredientes fácilmente reconocibles en el reverso de los productos, y algunos utilizan además códigos QR para adentrarse en los detalles de la cadena de suministro y asegurarse de que el abastecimiento es responsable.
El reto del sector es exigente. Ciertos nombres de ingredientes en las etiquetas pueden parecer «demasiado científicos» y ser considerados «no lo suficientemente limpios» por algunos clientes. A la inversa, si las palabras empleadas fueran más reconocibles, esos mismos ingredientes podrían verse como «suficientemente saludables». En última instancia, los consumidores quieren conocimiento y familiaridad para sentir que tienen el control.
Entonces, ¿cuál es el mensaje para los equipos de compras y los fabricantes? La ciencia puede ser clara sobre determinados ingredientes, pero es el sentir de los consumidores el que, al final, tiene un peso enorme.
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